El filamento es la mitad del resultado: el material correcto, seco y a la temperatura justa hace más por tus piezas que cualquier upgrade. Esta guía repasa los seis materiales que vas a cruzarte, cuándo usar cada uno, y cómo guardarlos y secarlos.
El filamento es el termoplástico en forma de hilo que tu impresora funde y deposita capa por capa. Viene bobinado, casi siempre en bobinas de 1 kg, y el diámetro estándar es 1,75 mm (algunas impresoras, sobre todo viejas o industriales, usan 2,85 mm — verificalo antes de comprar).
Un dato que pocos miran y define mucho: la tolerancia del diámetro. Un buen filamento se mueve en ±0,02/±0,03 mm; uno berreta varía más, y esa variación se traduce en extrusión despareja, paredes irregulares y hasta atascos. Entre dos bobinas parecidas, la tolerancia declarada es un buen desempate.
El "mejor filamento" no existe: existe el correcto para cada pieza. Y una enorme parte de los problemas que se le atribuyen a la impresora son en realidad del material: húmedo, fuera de temperatura o mal elegido para el uso.
El más fácil de todos: imprime preciso, casi no se contrae y no exige nada especial. Su límite es el calor: se ablanda alrededor de los 55–60 °C, así que nada de piezas para el auto al sol ni cerca de fuentes de calor. Ideal para decorativo, figuras, prototipos y para aprender.
Resistente, con un toque de flexibilidad y mejor tolerancia al calor que el PLA: el favorito para piezas funcionales. Sus mañas: tiende a hacer hilos (stringing) y se agarra demasiado fuerte a las camas PEI — usá un fijador como capa separadora o despegá la pieza con la cama ya fría para no arrancar el recubrimiento.
Gomoso (el más común es dureza 95A): fundas, ruedas, juntas, protectores. Se imprime lento y rinde mucho mejor con extrusor directo — en sistemas Bowden el hilo blando se dobla en el tubo. Absorbe humedad rápido, así que guardalo bien cerrado.
Aguanta 95–100 °C y se puede alisar con vapores de acetona. El precio: se contrae mucho al enfriarse (warping), así que pide ambiente cerrado y cama bien caliente — y ventilá el lugar, porque al fundirse libera olores y partículas que no querés respirar.
Hermano del ABS con un superpoder: resiste los rayos UV sin amarillear ni volverse frágil. Es el material para piezas a la intemperie: soportes exteriores, autopartes, riego. Mismas exigencias de impresión que el ABS.
Tenaz, resistente al desgaste y al impacto: engranajes, bujes, piezas mecánicas exigidas. Dos condiciones innegociables: es el material más higroscópico de todos (secalo siempre antes de imprimir) y le cuesta agarrarse a la cama (un fijador en barra o en aerosol ayuda muchísimo).
Todos los filamentos absorben humedad del aire — algunos en semanas, otros (PETG, TPU y sobre todo nylon) en días. Cuando el filamento húmedo pasa por el hotend, el agua hierve adentro y el resultado se ve así:
La defensa es simple: bobina que no está en uso, bolsa o caja hermética con sílica gel. La sílica se regenera en el horno a baja temperatura cuando cambia de color, así que dura para siempre.
Si una bobina ya absorbió humedad, se recupera con calor suave y tiempo. Valores orientativos:
¿Con qué? Lo ideal es una secadora de filamento (algunas dejan imprimir con la bobina adentro). El plan B es un horno eléctrico con un termómetro aparte — los termostatos de horno mienten 10–15 °C, y esa diferencia alcanza para deformar una bobina. Microondas, nunca.
Culpar al hotend o a la retracción por los hilos y burbujas… cuando el problema es PETG húmedo. Antes de desarmar la impresora o comprar repuestos, secá el filamento e imprimí de nuevo: resuelve una cantidad sorprendente de "fallas".
Estos materiales superan los ~240 °C seguros del PTFE: con el hotend de fábrica no solo salen mal — el teflón se degrada y libera gases tóxicos. Necesitás un hotend all-metal, y en el catálogo tenemos para las impresoras más comunes.